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14.May.19

por Cristina de la Concha

El buen Día de la Madre

 

 

 

Transcurrió el día de la madre y los días y semanas previos como suele: anuncios por todos lados, conglomeraciones, tráfico, restaurantes llenos, flores por aquí y por allá, el tremendo consumismo que trae consigo. Pero es innegable el deseo de festejo, de reunión familiar, de abrazo y es buen día éste para ello, un deseo que juega a favor del consumismo y es aprovechado por los mercaderes.

El tremendo consumismo que provoca este día ha sido la intención de fondo de esta celebración, aunque en México se pretendió apagar con la creación de este día el movimiento feminista que tomaba fuerza en Yucatán en aquellos años, 1922, cuando el director del periódico Excélsior publicó una iniciativa para instituirlo, luego de que se publicara el folleto “Regulación de la natalidad o Brújula del hogar” –con el que se rechazaba la costumbre de aquellos tiempos de tener los hijos que “Dios mandara” – en la capital yucateca donde Elvia Carrillo Puerto y Hermila Galindo, pioneras del feminismo, habían llevado a cabo el 1er Congreso Feminista de nuestro país en 1916.

El Día de la Madre mueve realmente a los mexicanos y es común verlos animosos buscando qué regalar a la madre, pensativos en qué hacer ese día, preocupados con cómo organizarse para llegar temprano, recoger a los hijos para dirigirse a la casa de la abuela, su madre, o preocupados porque el dinero – medio recurrido para la dicha de ese día y la consumación del exacerbado consumismo perseguido– anda ausente o insuficiente. Y llegado el día, todos están contentos, hermanos que no suelen verse se abrazan sin rencillas porque es el día “de ella”, nadie reclama, nadie recuerda impertinencias. Se vuelve un “apapacho” deseable para todos.

Es sabido que el ser humano requiere “apapacho”, lo dictó la naturaleza cuando creó el cuerpo humano con la instalación en él de hormonas y neurotransmisores que provocan nuestra alegría y nuestra tristeza, enojo, apatía, ánimo y un sinfín de emociones. El “apapacho”, las felicitaciones, el aplauso, el abrazo, las frases positivas estimulan las sustancias y neurotransmisores que provocan buen estado de ánimo, alegría, felicidad, buen humor, bienestar. Con este diseño, la sabia Madre Naturaleza nos dotó de armas para que el organismo se defienda de emociones como la tristeza y el enojo que son las que, para desgracia humana, predominan y que a la larga se relacionan con las enfermedades. El Día de la Madre es un buen pretexto para estimular esas sensaciones benefactoras y muy buen día de “negocios”.

Pero ese buen día de negocios desata un consumismo tremendo que se ha convertido en uno de los grandes problemas a combatir en el mundo porque es uno de los causantes del cambio climático, de tanta basura, de islas gigantes de plástico en el mar, de la deforestación, de la extinción de especies. A la vez, el “apapacho” es necesarísimo para la supervivencia del ser humano, recibir “apapacho” de cualquier tipo es siempre gratificante y tiene un efecto en el organismo; dar es, asimismo, un estimulante de esas emociones; dar y saber recibir son cuestiones que debemos practicar para el mejor funcionamiento de nuestro organismo –por nuestra propia conveniencia– y también el de los demás. Esto plantea que tendríamos que buscar la forma de “apapachar” a los otros sin caer en el consumismo que tanto daño está haciendo al planeta, consumir lo razonable o consumir razonablemente.

Es un dilema, es un conflicto existencial.

 

   
                 

 

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