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  Problemas sociales en las haciendas de Tulancingo iniciando el siglo XX    
 

por Patricia Sanabria

   
 

14 de febrero, 2007.

   
 
 
 

Al inicio del siglo XX, en el Valle de Tulancingo, la Iglesia católica junto con hacendados de la región y funcionarios de gobierno organizaron dos congresos agrícolas dada la tradicional importancia agrícola y hacendera de la ciudad; como dice Friedrich Katz, en los años del Porfiriato, las haciendas de México alcanzaron su máxima extensión en la historia del país. Aunque no participaron directamente los labradores y aparceros, las descripciones de las condiciones de subsistencia -semifeudales- de los trabajadores y los temas abordados retrataron en buena medida el desarrollo de la vida en el campo, así como el tipo de relaciones sociales y económicas entre los grupos sociales de hacendados y trabajadores, ya que la hacienda funcionaba como  célula de poder político y militar y como núcleo de la estructura de vínculos familiares.

Los adelantos otorgados a los peones aseguraban fuerza de trabajo permanente, pero sobre todo creaban una relación protector-protegido entre el hacendado y los trabajadores. Estas relaciones no eran sólo mercantiles, pues si el endeudamiento restaba libertad a los peones, la hacienda les aseguraba su sobrevivencia, a veces incluso les otorgaba servicios médicos. Los hacendados pretendían ser “señores” con predominio social y control político. Algunos de los préstamos eran pagados más con lealtad que con trabajo o dinero, en especial los sueldos que adelantaban en Pascuas de Resurrección, Navidad y/o para las bodas.

En la región de Tulancingo, de acuerdo con la visión de cuarenta y un hacendados, el endeudamiento creaba un cierto resentimiento entre los trabajadores, quienes no eran estimulados para trabajar más y mejor con los préstamos sino, por el contrario, se volvían morosos: “flojos, borrachos, malos trabajadores y muy remilgosos... Dejaban de trabajar el sábado antes de Semana Santa, toda la Semana Santa se embriagaban y con trabajo se lograba que salieran a trabajar el martes de Pascua.”[1] Sin embargo, este sistema persistió en la región, pues a principios del siglo XX, 56% de los hacendados continuaban practicándolo.

Como dijera Refugio Galindo, médico y hacendado de Tulancingo, “Yo mismo, desde el año 1888, quité de la hacienda de San Francisco Huatengo y en el rancho de Tortugas la costumbre de dar habilitación en la Semana Santa, y desde esa fecha se ha prestado cada Jueves Santo 50 centavos solamente a cuenta de cada peón adulto, a las mujeres de ellos, para que compren ese día algo más de recaudo...”, por lo que ya no necesitó contratar trabajadores temporales para la siembra y la cosecha. Esto puede significar que al aumentar la oferta de mano de obra, el hacendado obtuvo mayor poder para imponer otros tipos de relación a los trabajadores, como otorgar un mayor beneficio a la familia a través de la mujer y tratar de limitar los vicios del hombre, extendiendo al plano moral su pretensión de señores protectores. Esto demuestra también el importante papel de la mujer en la familia, quien debía encargarse de la administración económica del hogar para su subsistencia, además de realizar los quehaceres domésticos cotidianos y ayudar al hombre incluso en las labores agrícolas, así recaía en ella toda la obligación de mantener la unidad familiar y, por lo tanto, la reproducción social, a despecho de soportar los maltratos físicos y los vicios e infidelidades del hombre.

Entre los vicios de los peones, mencionados por los propietarios, estaban la embriaguez, el escándalo, el concubinato, la mentira y algunas veces el robo, el hábito de iniciar sus jornadas hasta las 8 de la mañana en algunas haciendas, además de poner a la mujer a acarrear leña y “otros trabajos rudos” independientemente de sus labores del hogar como moler el maíz y cuidar de los hijos.  Luis Andrade, tesorero de haciendas, mencionó cómo, en Santa Clara, “... se acostumbraba dar la llamada habilitación de los peones, pero toda esa gente era la más inútil y faltista, y lo que hice fue acasillar semaneros de pie, pagándoles 43 centavos diarios de sueldo y sin obligación de préstamo”. Mientras que en los trabajos del Ferrocarril ganaban 62 centavos diarios, en la compañía de Luz 75 centavos y un peón acasillado 31 centavos.

Una variante del endeudamiento de los trabajadores, que se pretendía como ejemplo a seguir en la región para terminar con esos vicios, se dio en la hacienda de San José de Atotonilco el Grande, propiedad de doña María E. Vega viuda de Palma, donde se practicó un sistema de premios a la puntualidad, obediencia y fidelidad, que se iban depositando en una caja de ahorro que sólo se abría el 19 de marzo, fecha de la fiesta del patrono de la hacienda, de ahí se pagaban los préstamos solicitados para casamientos, bautizos, etc., y lo que sobraba se entregaba a los trabajadores sin necesidad de descuentos en sus rayas semanarias. Los gastos por enfermedad eran absorbidos por la hacienda. Este sistema logró que disminuyera la embriaguez y por consecuencia aumentara el rendimiento de los peones, además: “No hay ningún amancebado, pues la señora Vega no consiente que trabaje en su finca nadie que viva de esa manera, tiene misa en la capilla de la hacienda, y los domingos y días festivos se guardan debidamente”. Este ejemplo muestra también hasta dónde llegaba el control patronal sobre la vida privada de los peones, más que ser sólo un recurso alterno al endeudamiento era una forma en que el “señor”, en este caso “señora”, se investían de autoridad para tratar de reducir los problemas sociales de su entorno.

 


[1] Las citas para este breve estudio se han tomado de Segundo congreso agrícola de Tulancingo, 1905.

 
       
     
   

presentación de Historia mínima del estado de Hidalgo

de Juan Manuel Menes Llaguno

en Tulancingo

por Patricia Sanabria

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José Eugenio Ramírez

 

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El tulancinguense Gabriel Mancera, transitada calle del Distrito Federal

 

 

 

 
 

En el Pilar de don Agustín:

Tesoros toltecas hidalguenses

 
     
     
 

 

 

 

Maqueta del proyecto del Centro Histórico, 6 de junio, 2006

 
 

 

Rescate del Centro Histórico, 29 de mayo, 2006

Demanda ciudadana, 29 de mayo, 2006

 

 

 

 

 
     
 

Enciclopedia de los Municipios de México, Estado de Hidalgo, Tulancingo de Bravo

 

 
   

 

 

 
     
     
     
     
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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